En Euskadi todo se celebra en torno a la comida. Con esa idea siempre presente y una maleta cargada de ilusión llegamos a Madrid en 1998 con un deseo por encima de cualquier otro, el de hacer feliz a todo el que llamara a la puerta de aquel primer establecimiento de la calle Lagasca, transmitiendo sencillez y alegría en un ambiente familiar.
Más de un cuarto de siglo después, El Pimiento Verde se ha consolidado como uno de los referentes clásicos de la cocina vasca en la capital. Con David Lecanda al frente, El Pimiento Verde nació con el objetivo de difundir en Madrid la cultura de la gastronomía vasca, su cocina y también sus costumbres, su manera de entender la mesa como un lugar de reunión y diversión, sin prisas; un fenómeno sociológico en el que la comida es un vehículo de comunicación, de transmisión de tradiciones y afectos, un momento casi sagrado que compartir con la familia y los amigos. Su principio básico e hilo conductor de todos los restaurantes del Grupo Pimiento es y siempre será la propuesta de una cocina honesta basada en un producto de alta calidad, de proximidad y reconocible tratado en los fogones de manera tradicional, con paciencia y mucho cariño.
En este tiempo, El Pimiento Verde ha crecido y evolucionado con las demandas culinarias de una ciudad que en estos últimos años ha experimentado una explosión gastronómica sin precedentes. En el camino, David Lecanda ha sabido renovarse, adaptarse a los desafíos del nuevo siglo sin perder los valores que le condujeron al éxito. Si sus locales han experimentado continuos procesos de sofisticación y modernización, su propuesta no ha perdido la capacidad de transmitir ese conocimiento ancestral heredado que sigue evocando al comensal sabores que permanecen grabados la memoria y aglutinan la esencia de la cocina popular vasca.
El Pimiento Verde es hoy un ejemplo de evolución, pero inspirado en la cocina de nuestras abuelas y con licencia para introducir en su carta recetas de otras zonas de España, sobre todo del norte, siempre con una fuerte presencia del Cantábrico, ya sea en sus pescas salvajes, en su ganadería extensiva o en las huertas de los pequeños productores de donde proceden, entre otras verduras, sus míticas flores de alcachofa, las más famosas de Madrid. Su sapito (rape) con bilbaína o el arroz con bogavante son algunos otros de sus clásicos que hoy forman parte del imaginario gastronómico de los madrileños.
En un sector cada día más impersonal y deshumanizado, El Pimiento Verde rescata los valores de la restauración clásica con un trato cercano y familiar, creando un vínculo con el cliente para hacerle sentir como en casa. El Pimiento Verde quiere mantener el espíritu de una casa de comidas tradicional, transmitiendo a los comensales su amor por el producto que elabora con mimo, compartiendo con ellos la alegría de comer y estableciendo juntos los cimientos de su proyecto.